A muchos nos parecería sugerente entrar en el cerebro de determinadas personas para averiguar qué pasa por su imaginación en materia sexual. ¿Con qué fantasea nuestra pareja?, ¿y ese vecino que tanto nos atrae? O... ¿qué fantasías tiene el jefe? Nos gustaría saberlo, pero, sin embargo, pocos estamos dispuestos a compartir abiertamente esos pensamientos tan íntimos. Ni siquiera con la pareja somos totalmente sinceros.
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Los sexólogos ya no consideran la fantasía erótica como un signo de insatisfacción o inmadurez sexual, sino como un estímulo para el deseo, un complemento para las relaciones sexuales y, sobre todo, una fuente más de satisfacción. La experiencia demuestra que fantasear con sexo es una actividad normal y saludable. De hecho, todos, o casi todos, tenemos fantasías sexuales a lo largo de nuestra vida. Sin embargo, algo tan cotidiano y habitual se queda muchas veces en la trastienda de nuestra existencia. El motivo: a principios del siglo XXI la fantasía sexual es todavía un tabú. El testimonio de Pablo es muy esclarecedor: "A mi pareja sólo le explico aquellas fantasías que creo que no pueden herirla emocionalmente. Por ejemplo, no le explicaría una fantasía con alguien de quien pudiera sentirse celosa, pero sí le explicaría lo que entraña la fantasía, sin nombres propios".
No podemos entrar en las mentes ajenas con la misma libertad con la que entramos en nuestras casas, pero sí podemos averiguar qué fantasías son las preferidas en general. En Proyecto Tabú, descubrimos que cuatro de las fantasías sexuales favoritas son comunes a ambos sexos. Lugares, tríos, orgías, cunnilingus y felaciones -aunque no aparecen con la misma prioridad- son fantasías muy valoradas por ambos. En cambio, está la quinta en discordia: ellos se inclinan más por la fantasía anal, mientras que ellas lo hacen por la fantasía lésbica.
El mítico menage à trois
Con la pareja o sin ella, con ilusión suicida o con el temor de los celos, ahí está el gusanillo de una relación sexual a seis manos. "Alquilaría dos habitaciones de mi vivienda a dos chicas preciosas y sexies, bisexuales; cogeríamos confianza con el tiempo y acabaríamos siendo amantes. Sentado en el sofá, vería cómo se besan y se acarician...", confiesa Marcos, de treinta y siete años. A los hombres les gusta imaginar escenas lésbicas en sus tríos, pero a ellas también les gusta verlos en acción. "No me gustaría estar con dos hombres que no se tocan, no se besan, no mantienen relaciones sexuales entre ellos", cuenta Pepa, de veintidós años. Pepa no ha tenido la oportunidad de vivir la experiencia, pero la desea.
El lugar sí importa
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Cierto es que seis manos dan un atractivo especial a la fantasía, pero no es menos sugerente el lugar en el que todo ocurre. Vivimos en un mundo concreto. Nos movemos en un espacio determinado con el peso de la gravedad, así que imaginamos aventuras en el ascensor de la oficina, veladas de luna llena románticas y sensuales en playas desiertas, cascadas tropicales que seducen los sentidos, probadores de cortina que el vendedor puede abrir en cualquier momento, juegos de pasión con solícitos compañeros de viaje en los asientos del avión para amenizar las largas y aburridas travesías transoceánicas... Es lógico que en nuestras fantasías huyamos del lugar por excelencia destinado a los encuentros sexuales: la cama. Cada lugar tiene su misterio y su atractivo. Con nuestra mente viajamos a tierras lejanas y exóticas que nos deparan sorpresas, porque a veces las fantasías pasan al plano de la realidad. "Un soldado israelí en un oasis del Mar Muerto se convirtió en el rey David amándome en el interior de un cañaveral", explica Salvador. O como relata Rosa: "En las escaleras de la salida de emergencia, en el último piso de un hotel en un país extranjero... Mucha adrenalina, pasión, peligro... con el hombre que amaba". Fantasía lésbica para las mujeres
¿Quién es el objeto de nuestro deseo? Un dato curioso es que las mujeres heterosexuales tienden a tener más fantasías homo que los hombres. Quizá por curiosidad, por experimentar otras sexualidades menos genitales o por suponer un mejor conocimiento del cuerpo femenino. "Se me ocurre que una persona del mismo sexo, seguro que conoce mejor los puntos más sensibles de su género", argumenta Lola. Esta idea surgió a raíz de un comentario del novio de una amiga al que un travesti le había practicado una felación. El novio comentaba: "Son mejores que las mujeres porque saben cómo hacérselo a un tipo". Y ella pensó que entre las mujeres sería igual y comenzó a fantasear con la posibilidad de omprobarlo. También los hombres heterosexuales tienen fantasías gays; a veces, incluso, con asiduidad. "Aunque soy hetero, me excitan mucho las páginas gays, y he tenido experiencias de este tipo por chat. Mis fantasías eróticas casi siempre están centradas en relaciones gays. La que se produce con más frecuencia es la entrada en una sauna". Ésta es una fantasía bastante inconfesable entre ellos y ellas. La homofobia no está de moda, pero sin embargo todavía se da con mucha frecuencia.
Descubre el sexo en grupo
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En un mundo de placer y sensualidad, tras el número tres del ménage à trois, llegan el cuatro y el cinco y el seis... del sexo en grupo y la orgía. Harenes de chicos para ella, muchas mujeres en la mansión PlayBoy para él, fiestas sexuales con mujeres y hombres para, como nos sugiere Silvia, "sentir muchas manos en el cuerpo, sin identificar, sólo para gozarlas". Entre la multitud de cuerpos, nuestros sentidos son estimulados de forma más intensa y variada. Olores, caricias y gemidos se multiplican y la vista es un continuo fluir de escenas eróticas en vivo. "Me inundo de sabores de vaginas, senos y perfumes... Soy el sueño sexual de toda mujer", cuenta Gustavo. Felaciones y cunnilingus
Entre los hombres, felaciones y cunnilingus ocupan el tercer lugar en el ranking de preferencias, mientras que, entre las mujeres, ocupan el quinto, tras las fantasías lésbicas y el sexo en grupo o las orgías. Labios y lengua no están exclusivamente destinados a recibir y saborear manjares: también son órganos para dar placer a otros. Entrando en un terreno más explícito, Luis cuenta con detalle las imágenes que pasan por su mente: "Me gusta verla apretando su sexo contra mi cara, moviendo sus caderas... me gusta sentir su sabor, que mi lengua recoja su humedad, notar su clítoris hinchado y rodearlo con mis labios y jugar con la punta de la lengua hasta hacerla estallar en mi cara". Dar el salto a la realidad puede resultar placentero. "Me estaba masturbando en el bidé. Imaginé que en ese momento entraba un hombre desnudo con su pene erecto y me lo introducía en la boca. Yo lo masturbaba con mi boca hasta que acabó...", relata Laura. Pero como nos cuenta después, no se conformó con la fantasía. "La realicé, y fue muy placentero para mí y para mi compañero". La puerta trasera
El sexo anal va ganando terreno en el erotismo, tanto en la realidad como en lo imaginado, porque tiene la seducción de lo prohibido y de lo exótico. No es la práctica más frecuente, pero aquello que deseamos y no podemos tener, muchas veces lo imaginamos con todo lujo de detalle: apetitosas nalgas esperando sobre almohadas, dobles penetraciones con preparativos largos y placenteros, féminas con un vibrador en mano dispuestas a todo... "La más difícil es ésta: mientras le doy sexo oral a mi novio, le acaricio con mis manos hasta meter mi dedo o un pequeño vibrador por su ano. Lástima que ni quiere que lo toque en esa área de atrás", nos cuenta Carmen.
De la imaginación podemos pasar a la realidad, pero siempre teniendo en cuenta que ni es verdad todo lo que oímos ni es posible todo lo pensamos. "Sin duda, la situación culminante de un trío es la doble penetración de ella por los dos varones. A pesar de lo que digan los relatos, no es fácil de ejecutar.", comenta Carlos, tras una larga experiencia de trío con parejas estables. La doble penetración no fue posible en muchas de las ocasiones, pero un día ocurrió tras mucho tiempo de conocerse los tres. "También hicimos locuras. Una vez nos embriagamos y nos jugamos su ano y su vagina a cara o cruz. Ella aceptó, pero dijo que uno debería lamerle el clítoris mientras el otro le hacía el amor. Y luego de que ambos le hicimos el amor, ella dijo que ahora nos quería de nuevo pero cambiados".
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Este corto recorrido por la fantasía sexual nos deja clara una cosa: todo es posible en esa realidad imaginada que tejemos a voluntad con los sentidos y el cerebro. El mundo de la fantasía está vivo y fluye. Y, sin duda, nos atrae de forma tan irresistible que, incluso, muchas veces deseamos hacerlo realidad. ¿Por qué no confesarlo abiertamente? Las cinco principales ELLOS
1º Menage à trois (39,70%)
2º En un lugar determinado (26,68%)
3º. Cunnilingus y felaciones (24,17%)
4º. Sexo anal (22,89%)
5º. Orgías (22,89%) ELLAS
1º. En un lugar determinado (42,65%)
2º. Ménage à trois (33,63%)
3º. En chicas hetero, sexo lésbico (18,58%)
4º. Orgías (17,70%)
5º. Cunnilingus y felaciones (16,46%)





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